Es considerada una de las gurús de crianza de los argentinos y hay muchas razones: porque dice de manera sencilla y contundente lo que no sabemos, nos despierta, nos hace repensar lo que hacemos y viaja por todo el país para hablar sobre temáticas actuales y polémicas. “Si nuestra autoestima no es alta y dependemos de nuestros hijos para subirla, se nos va a complicar porque vamos a necesitarlos muy perfectos y eso ¡es imposible!”. Así explica Maritchu Seitún, uno de los grandes desafíos históricos: superar la lucha permanente de no cargar a los hijos con las frustraciones propias.
La psicóloga y autora de “Criar hijos confiados, motivados y seguros”, previamente a sus charlas en Tucumán (serán el viernes, a las 15, en el Jockey Club y en el colegio Pablo Apóstol, a las 19.30), habló con LA GACETA sobre las temáticas que compartirá con padres y profesionales: “Emociones y Autoestima en la crianza de nuestros hijos” y “Capacitación emocional para profesionales” (las entradas se venden en Libro de Oro, Corrientes 532, y en Latam Travel, avenida Aconquija 2122. Podés encontrar más información en estas cuentas: @especialmamablog y @tiendida).
- ¿Por qué la crianza entra en conflicto con las emociones?
- Nunca nos imaginamos todo lo que íbamos a sentir con nuestros hijos, no sólo amor, ternura, deseos de cuidar, sino también cansancio, por momentos enojo o desilusión. Tendemos a culparlos por lo que sentimos y eso complica mucho las cosas. Por otro lado, cuando propongo ayudar a los chicos a conectar con lo que sienten, no podemos hacerlo si nosotros adultos no estamos conectados con lo que sentimos. Por ejemplo: si yo no soy “amiga” de mis celos, ¿cómo voy a acompañar y sostener los de mis hijos?
- ¿Cómo es un chico con baja autoestima y qué le afecta más?
- No tiene confianza en sí mismo ni en el mundo, no se tiene fe y tolera cualquier trato, porque no se siente merecedor. Le cuesta defenderse, se arma un círculo vicioso, porque no se anima a intentar y entonces no logra lo que él confirma que no sabe y no vale. Durante los primeros años les afecta primordialmente la mirada de sus padres. Por eso hablo de la importancia de la mirada enamorada de los padres, que construye autoestima. Luego empiezan a influir otros adultos y los amigos. Pero cuanto más se construya en la primera infancia, menos va a dejarse afectar por lo que digan otros. Atentan contra la autoestima la crítica, los juicios, las burlas, las humillaciones, la desilusión explícita, las culpabilizaciones…
- ¿Cómo podemos entrenarnos para entenderlos?
- Parándonos quince segundos en sus zapatos todo puede entenderse y ponerse en palabras, aunque eso no significa decir que sí. Comprendemos emociones, pensamientos y deseos pero regulamos conductas y palabras. Todo se puede sentir, desear, pensar, pero no pueden hacer siempre lo que quieren ni decir lo que se les ocurre.
- ¿Cómo suelen expresarse en momentos turbulentos?
- Los chicos son más impulsivos por falta de madurez y de integración. Lleva muchos años que logren responder desde su cerebro integrado, y para eso necesitan padres no impulsivos y que respondan desde su cerebro integrado, que no pegan ni gritan todo el tiempo, que comprenden y delimitan.
Resulta casi imposible no hablar con Maritchu de temáticas preocupantes, como el bullying . Y en esa materia, resalta y explica la importancia de la agresividad sana: “Los chicos se pelean, siempre lo hicieron. Se convierte en bullying cuando se abusa de la fuerza, del poder o del número para molestar a alguien que no puede defenderse. La tarea de los padres es conectar a su hijos con lo que llamo agresividad sana, el buen enojo, que puedan pelearse entre hermanos, que puedan decirnos que no a veces, que sientan derecho a protestar… Cuando los sobreprotegemos les estamos diciendo: vos no podés. Un niño que no se conecta con su buen enojo no puede defenderse, por más que se lo propongan los padres. En cambio, cuando les damos derecho a enojarse, solitos van encontrando el camino”.